Por Gabriel Valenzuela

En estas nuevas conversaciones de Vive Teatro, tuvimos el placer de reunirnos con La Cruda Teatro, compañía que nace el año 2015 y desde entonces, no han parado con la producción entre cambios  de equipo y siempre sumando nuevos roles que se van incorporando, aportando desde áreas específicas. En un movido año, se encuentran en pleno montaje de Carolina, la historia de una mujer que traspasa desde antaño hasta los tiempos actuales y que en un transitar de emociones, han ido descubriendo las cualidades de este texto, que hacen de la puesta en escena un momento de discusión, análisis y reflexión.

 

Un constante que transita

El texto Carolina fue un total descubrimiento, que ha tenido un viaje desde el amor hasta dolores de cabeza, transitando por diferentes zonas para quedarse en un lugar preciso y evidente, así lo describe el elenco de La Cruda, que con 3 actores en escena han iniciado este viaje con la obra que consagró a Isidora Aguirre: Una mujer distinta. Gran dramaturga chilena que generó críticas sobre todo con Carolina, siendo una gran polémica por esos años, ya que puso en escena el conflicto de una familia aristócrata que en ese entonces era inédito y casi tabú hablar de ello.

“Hablar del conflicto de género, de la posición de la mujer actual, y cómo hemos llegado al punto en que ya no se disfrutan esos códigos, es lo que nos planteamos como discurso en los tiempos actuales. Todo tiene que ver con cambios estructurales, entonces “Carolina”, es graficar que el problema que se muestra en la obra y que hoy enfrentamos, viene desde una raíz con dinámicas que han pasado generaciones sin perderse, quedando como un verdadero símbolo” así lo comentó Diana Rivera, directora de la compañía, quien también pone a disposición todas las opiniones vertidas de este trabajo para poder consolidar el montaje, demostrar y evidenciar lo que realmente quiso decir, en esos años, la gran Isidora Aguirre.

Sin duda, Carolina está en una metáfora constante, ya que se entiende que por esos años, no se podía decir literal lo que querían expresar, menos siendo de parte de una mujer, por lo mismo, estaba siempre todo disfrazado y ha sido ese descubrimiento lo interesante en el proceso creativo para La Cruda, el tiempo preciso para reflexionar y descifrar desde esas palabras de Aguirre, todo lo que realmente quiso decir y a quienes iba dirigido en aquel momento de nuestra historia.

“La mayoría de las mujeres del siglo XX escribían con metáforas y simbolismos, porque no se atrevían a decir las cosas de frente. Isidora, cambia su intensidad desde el 70, ya que antes no decía todo explícitamente y así mismo lo revelan sus siguientes escritos si de análisis se hablara”,

 

Sobre la “Violencia simbólica”

 Es interesante ver como las estructuras sociales y culturales se han ido modificando con el tiempo, lo entretenido es también ver como el público se da cuenta lo fuerte que es  y  a la vez, como ellos mismos disfrutan estos códigos por los que viajan los personajes en su encarnación, haciendo entonces una mezcla perfecta que luego de todo genera sus propias opiniones. La sexualidad como un arma y así un sinfín de referentes que desde cientos de años han sido parte de nuestra cultura, es como también se construyen estos personajes, que en un momento de cambios sociales, como los que hoy vive Chile, se instalan para seguir generando esa sensación quizás incómoda, donde el público o recrimina o se abanderiza por uno de ellos.

“Es algo que queremos deconstruir, las armas humanas que han quedado como estereotipos, son claramente un elemento para transformar, para dar vuelta la versión y así es como la obra lo muestra: Una obra machista, autoritaria, donde el público toma su bando. Los tres personajes son amables y odiables y desde ahí entonces son muy humanos”.

Es así como La Cruda ha viajado por los rincones más inhóspitos en este recorrido de Carolina, donde siempre aparece el cuestionamiento de la obra, por todas las metáforas que dejó la gran dramaturga nacional y que a un año de su centenario, hay mucha gente que aun no la conoce. La escritora que marcó un precedente en Chile y que luego de escribir “La Pérgola de las Flores”, obra que nunca fue de su total agrado, evidenció una realidad chilena, que hasta el día de hoy podría sacar ronchas al crítico espectador.

Hoy esta obra entonces permite deconstruir el discurso, la metáfora y aquella realidad, que con seguridad hoy La Cruda instala en el escenario, en pleno tiempo de empoderamiento femenino, y  que este mismo elenco levanta el brazo para ir junto a ello, juntos con Carolina.