Crítica de Teatro

Cristóbal Cartes

 

El próximo año, 2019, se cumplen 100 años del nacimiento de Isidora Aguirre, una de las más importantes escritoras chilenas y dramaturgas de América del Sur. Antes de comenzar su renombrada relación con el teatro, trabajó de escritora e ilustradora de libros infantiles, cursó estudios de trabajo social y de dirección cinematográfica. Es recién en 1952, con más de 30 años, que produce sus primeras piezas teatrales, que consistían, a diferencia de la gran cantidad de obras que vinieron después, en comedias más bien ligeras. De esta época son obras como La dama del canasto y Carolina. Esta última fue estrenada en la sala Anto­nio Varas, durante un festival convocado por el Teatro Experi­mental de la Universidad de Chile en Diciembre de 1955, y se mantuvo en cartelera durante el año 1956 en el Teatro Atelier. Fue dirigida por Eugenio Guz­mán y protagonizada por Alicia Quiroga, Mario Lorca y Ramón Sabat.

El montaje actual, llevado a cabo por la Cía. La Cruda Teatro, que se ha presentado ya en festivales, varias comunas fuera y dentro de Santiago, además de algunos colegios, es sumamente inteligente al convertir una de las primeras obras de Isidora Aguirre, considerada una comedia ligera, en una comedia totalmente contingente y con peso histórico y social, como se manifiesta en las obras que escribió luego. El argumento, presentado en un solo y sencillo acto, relata la angustia de Carolina, quien, esperando en una estación ferroviaria que llegue el tren que la llevará de vacaciones junto a su marido, se debate en cómo solucionar un problema cotidiano pero muy importante del que ella es culpable por ser esposa y dueña de casa, un problema que no la deja tranquila. No se atreve a contarle este error a su esposo, pero sí a su vecino, Fernando, quien, quizá coincidentemente, espera también el tren ese día y está perdidamente enamorado de Carolina. 

La sencillez de la escenografía: dos faroles y una banca, coinciden con la sencillez y claridad del diálogo. Del mismo modo, las actuaciones de Andrés San Juan, como Fernando, Eduardo Durán como Carlos y Magdalena Müller como la protagonista, siguen esa línea, pero desde la voz, el ritmo y los gestos precisos y enérgicos que traducen y llenan de matices la sencilla continuidad del relato. Los tres sostienen muy bien la obra, actuando desde el mismo estilo y humor. Sus vestuarios, cada uno diseñado a la medida de cada actor, se reparten el azul para Fernando, el verde para Carlos y el rojo para Carolina, haciendo que destaquen y combinen de forma ligera y teatral, al estilo de los años 50. La iluminación los acompaña como jugando con ellos y sus intenciones, dando una atmósfera precisa, cómica o seria, en los momentos indicados. La música acompaña del mismo modo y nos ambienta también en esa época.

La originalidad de esta puesta en escena, a pesar de su destacada ligereza, está en el distanciamiento o extrañamiento, como mecanismo brechtiano, que se produce ya casi al final de la obra y que sintetiza todo el discurso que hace que esta trate un tema contingente e importante. Ese pequeño pero efectivo momento, llevado a cabo con un cambio de atmósfera y estilo de actuación en Magdalena, que vale la pena mencionar está hecho con suma sensibilidad y apropiación por parte de la actriz, devela la crítica hacia el rol de la mujer, sus posibles miedos, y el permanente esfuerzo de Carolina por mantener su compostura bajo una máscara social de buena y cariñosa esposa, una eterna apariencia que revela a la vez el motivo de la incomunicación con su esposo y quizá con el resto del mundo. Es este el recurso que logra hacer dialogar la obra no solo con el movimiento feminista en Chile hoy, el cual cuestiona los roles de género, sino que también dialoga con la misma intención artística que Isidora Aguirre desarrolló en sus obras posteriores, donde en un teatro comprometido con las causas e injusticias sociales de su tiempo, no dejó de incluir y estar en un permanente diálogo con el estilo y las ideas de Bertolt Brecht.

Es una obra muy divertida e interesante que, a pesar de ser de 1955, no deja de cuestionar y hablarle al Chile actual. De allí que para el título de esta crítica haya decidido dejar el mismo subtítulo que la Cía. decidió ponerle a su montaje, con el que aciertan perfectamente en la intención política de su mensaje. Estén atentos a sus próximas funciones.

 

Ficha artística

 

Dramaturgia: Isidora Aguirre

Dirección: Diana Rivera

Asist. de dirección y jefa técnica: Mikaella Poirrier

Elenco: Eduardo Durán, Magdalena Muller y Andrés San Juan

Diseño integral: Carmen Gloria Cuello

Diseño sonoro: Christian Pérez

Arte gráfico: Gianfranco Giordano

Producción: Daniela Eichin