Por Cristóbal Cartes

Licenciado en Letras UC| Actor Club de Teatro

 

El resentimiento es aquella emoción de disgusto o enfado hacia alguien que ha causado perjuicio hacia nosotros o hacia alguien o algo más, algo o alguien que nos importa. Tras los años de democracia transcurridos después del largo periodo de dictadura en nuestro país, en 2008 se formó oficialmente la compañía de teatro La-Resentida, una compañía que desde el comienzo mostró el gran resentimiento que tenían no ya directamente hacia la dictadura, sino hacia la continuación de ella en la llamada democracia que vivimos actualmente y que se refleja mayormente en la privatización de los derechos públicos, las increíbles brechas socioeconómicas que dividen a la población y la cristalización de esta estructura con el avance del poder empresarial internacional. Esa es la parte de la dictadura y esa es la democracia que le han causado y siguen causándole un gran perjuicio a Chile bajo los ojos de los espectáculos que construye esta compañía.  

En estos 10 años han puesto en escena cuatro obras: Simulacro, Tratando de hacer una obra que cambie el mundo, La imaginación del futuro y La dictadura de lo cool, las cuales se presentaron en Matucana100 en el Ciclo 10 años de la ReSentida. Personalmente he tenido el privilegio, hasta el momento, de ver todas menos Simulacro. Pero estoy seguro que esta no por ser la primera es un montaje de menor calidad, pues la forma que han tenido de llevar a cabo su creación no se los podría permitir. Como señalaron en el Conversatorio Metodologías de creación en julio de este año y como señalé en el artículo al respecto (https://www.viveteatro.cl/?p=15824), trabajan bajo la premisa de una total libertad, en el sentido de que no se autoimponen una fecha límite de estreno de las obras, ni tampoco se obligan a hacer obras por el simple hecho de ser una compañía. Sus obras nacen de impulsos que sienten totalmente necesarios de expresar, problematizar o comunicar. Si el impulso no existe, entonces no hay necesidad real de hacer una obra. Además, no se cierran nunca a que entren o salgan nuevas ideas, algo muy enriquecedor si es que no hay un texto escrito a modo de base que haya que respetar o que guíe la creación.

Dado el poco financiamiento en Chile, la compañía debió empezar y seguir, muchas veces, ensayando en todas las oportunidades posibles, es decir: feriados, festividades nacionales y fines de semana. Finalmente han logrado mantenerse guardando, al final de cada función, dinero para toda la compañía, que luego, terminada cada temporada, reparten como sueldo para los actores por el trabajo de los ensayos. Sus procesos de montaje por lo general duran aproximadamente un año.  

Para la elección del tema a tratar, parten por su propio interés sobre alguna cuestión contingente en Chile, algo que sea urgente plantear al público. De esta primera premisa o idea nacen otras ideas y bocetos que giran en torno a la misma, tanto escrituras como trabajos escénicos de mucha improvisación, en los cuales todos participan colectivamente. Con ello van construyendo, muchas veces desde el trabajo de repetición, junto al cansancio y al agotamiento que esto puede implicar, las distintas escenas y la línea de continuidad que las une.

Es así como es posible señalar con toda seguridad que son una de las compañías consolidadas más importantes del momento en Chile. Han logrado crear un mundo y lenguaje propio, siempre renovado en cada uno de sus montajes. En el trato de los temas hay, sin lugar a dudas, una desfachatez que asusta, una provocación directa hacia el público para que este se cuestione sus propias prácticas, la manifestación de vicios privados del sector político, el cuestionamiento por cómo se maneja la cultura en el país, su financiamiento y quienes deciden como administrarla, llegando a cuestionar y burlarse incluso de sí mismos, sin dejar de darse la razón en aquellos momentos meta-teatrales.

En lo que refiere a la técnica tanto actoral como material, referida a los objetos y herramientas utilizados en escena, podría decirse que no se permiten error. No hay obra en el que en algún u otro momento no haya euforia y donde esa euforia se traduzca en discursos gritados, garabatos, lanzarse a sí mismos o algún objeto lejos, donde las cosas se desordenen, se chorreen, sangren, escupan, suden o estallen en un caos perfectamente coordinado. Algunas veces rodeados de objetos técnicos como cámaras, luces de estudio y pantallas en HD, todas siempre funcionan en plena coordinación con la acción. Así mismo lo hacen los sonidos y las luces. Por cada montaje se arma de alguna u otra manera una máquina de protesta y sarcasmo social sin frenos, llena de humor negro y anárquicamente organizada.

Una obra sobre la identidad formada desde el consumo en la celebración del bicentenario de Chile; otra sobre la utopía y la planificación de un Chile perfecto, con personajes encerrados en un sótano donde nadie los toma en cuenta; la siguiente sobre la tristeza del incumplimiento de los discursos y proyectos de Salvado Allende en donde la esperanza por la humanidad y su mejora parecía ser una certeza; la última sobre cómo la cultura es dictada por ministros e intelectuales ineptos.  Todas son una crítica a la instrumentalización económica de la cultura y el humano, montajes que obligan a reflexionarse como ciudadanos o como consumidores que aportan a la construcción de una nación podrida, sin dirección, llena de desigualdad y pobreza, de clasismo, afán de poder, educación vendida, indígenas sin reconocimiento, una nación construida sobre muertos, desaparecidos, guiada por fuerzas mundiales y homogeneizadoras, donde ni la democracia es aceptable, pues es un simple disfraz mediático.

Con toda la desesperanza y el resentimiento de no poder hacer un cambio real a través de obras burguesas que casi únicamente los burgueses vemos, la Compañía La ReSentida han logrado insultarnos a todos, incluso a sí mismos. Con ello, han logrado hacerse visibles en festivales internacionales, dentro de los cuales destaca el festival de Avignon, en Francia, uno de los más importantes dentro de la escena contemporánea y donde el único grupo chileno anterior había sido La Troppa.

Queremos felicitar a esta compañía por su resistencia, renovación en el arte, años de trayectoria y crítica reflexiva dentro de las generaciones más jóvenes y adultas, el arte y la cultura; al director Marco Layera y los actores y actrices Diego Acuña, Carolina de la Maza, Nicolás Herrera, Pedro Muñoz, Carolina Palacios y Benjamín Westfall, junto a todos sus colaboradores de ahora y de todos sus trabajos.

http://www.teatrolaresentida.cl/

 

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