No sería sorprendente que más de alguna vez hayas escuchado a los actores gritar “Mierda, mierda” antes de salir a escena, o que utilizar un vestuario amarillo puede llevar al espectáculo directo a la perdición, pero más allá de conocerlos ¿Sabes el origen de estas tradiciones? Y ¿Cuál es el motivo de realizar estas dispares y absurdas creencias?

 

Aquí  te contaremos todo lo que debes saber de las 7 supersticiones más famosas de la historia del teatro.

 

1.- La obra innombrable

Jamás debes pronunciar Macbeth, esta obra es, sin duda, la obra maldita por excelencia. Para referirte a ella puedes decir “La obra” o “La obra escocesa”, si lo olvidas y la pronuncias sin querer, tranquilo, hay antídoto para el fatal hechizo y  poder librarte del mal augurio: deberás salir de la habitación, cerrar la puerta, girar tres veces sobre ti mismo, escupir al suelo o decir algún insulto y pedir permiso para volver a entrar.

 

La razón de esta creencia no es clara, hay quienes culpan a Shakespeare  por incluir conjuros y maldiciones auténticos en el texto. Otros dicen que a las brujas reales no le gustó el trato recibido en la obra y la maldijeron. Y los más prácticos dicen que hay tanta violencia y armas en ella que no es difícil que pasen accidentes. Lo cierto es que en cada montaje de esta obra no sorprende que surjan percances o accidentes.

 

2.-  Mierda, mierda, mierda!

El desear suerte en el teatro no existe, paradójicamente debes decir “Mierda, mierda, mierda” o “Rómpete una pierna”. Estas extrañas expresiones datan, al parecer, del teatro isabelino británico, pero ¿Por qué?

 “Mierda, mierda” hace alusión a los excrementos que dejaban los coches de caballos en los que llegaba el público a una representación. Así, cuantas más deposiciones había en la puerta del teatro, más éxito tenía la obra.

La segunda expresión es porque tras la función, el público arrojaba monedas al escenario, los actores debían agacharse a recoger el dinero y debían doblar la rodilla y en base a esta acción nació el dicho “Rómpete una pierna”.

 

3.- Rosas si, claveles NO.

¿Fuiste al teatro y quieres llevarle flores a un actor o actriz? QUE NO SE TE OCURRA REGALARLE CLAVELES, son más baratos si, pero te saldría mucho más caro remediar la situación.

Esta superstición data del siglo XIX. En aquella época, en los teatros se contrataban a los intérpretes por temporada y su manera de comunicar la renovación del contrato a una actriz era enviarle rosas. Si, por el contrario, le enviaban claveles, era la sutil manera que tenía el empresario de decirle que estaba despedida.

 

4.- ¿Color amarillo? NUNCA

Amarillo en el teatro es sinónimo de mala suerte. Y la culpa la tiene Molière. Cuenta la historia que cuando interpretó El enfermo imaginario (1673) tuvo fuertes ataques de tos y convulsiones en pleno escenario, pocas horas después falleció. Desde ese entonces este color se asocia a la idea de mala suerte. Tan fuerte fue esta creencia que Óscar Wilde no pudo estrenar su obra Salomé en Gran Bretaña hasta varias décadas tras su publicación ¿La razón? El autor había planteado una escenografía en unos “terroríficos” tonos amarillos.

5.- El mal de ojo bajo el poder de una pluma

Esta es una creencia que no solo es exclusiva del teatro, pero el sector de la interpretación por naturaleza es supersticioso y no podía prescindir de esta.

Las plumas de pavo real se consideran maléficas por su gran semejanza a un ojo, por lo que está prohibido utilizar este elemento decorativo sobre el escenario y es preferible abstenerse a tentar la suerte que ser víctima del tan temido mal de ojo. Según la tradición, han ocurrido muchos sucesos desagradables y accidentes en escena con un denominador en común: una pluma de pavo real.

 

6.- Despedido por silbar

Silbar es sinónimo de mala suerte. La tradición exige que quien lo haga sea despedido ¿La razón? Podía generar una catástrofe escénica. Antiguamente los técnicos y el director solo se podían comunicar mediante la voz, por lo que desarrollaron un sistema de silbidos codificados. Si alguien silbaba podía desvirtuar la información y hacer que los técnicos no entendieran las instrucciones o en su defecto entender todo lo contrario. Si bien, hoy en día existen formas de comunicación, la tradición de no silbar se mantiene.

 

7.- Siete años de mala suerte.

No hace falta quebrar un espejo para tener mala suerte en el teatro, basta simplemente con que esté en escena, pero eso, a menos que quieras lo contrario, solo te traerá problemas.

El primer inconveniente es más bien técnico, es preferible prescindir de ellos para evitar desperfectos técnicos de iluminación, pero también y aquí comienza lo interesante, se cree que el espejo tiene el poder del narcisismo y que el actor no resistirá el mirarse frente a él cuando esté actuando, causando una desconcentración fatal en su interpretación.

¿Conoces otra tradición y te gustaría compartirla con nosotros? Hazlo! Nos gustaría conocerla, así evitamos todas las posibles catástrofes y tragedias escénicas. Ahora que sabemos el porqué de estas supersticiones los invitamos a ser parte de ellas, continuemos las tradiciones, por más absurdas que parezcan seamos parte de la historia teatral, además si no creemos en nuestra propia ficción  ¿Entonces quién?

Por Sofía Arenas Lissi

 

 

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